
Recuerdo un día, en el que había perdido un poco los papeles, por haber abusado del vino tinto; ya a altas horas de la noche dirigí mis pasos a la taberna del feo parra, no para comerme un piquito de papada a la plancha, sino para seguir cargándome de tinto. Cúal no sería mi sorpresa cuando me encuentro subido en una camilla y bailando, como un poseso a Cándido "fasela", unas sevillanas con mucho arte. Aquello fue un espectáculo único e irrepetible; con la mosca que tenía en lo alto, ni se cayó de la camilla, ni está se rompió; pero la juerga duro hasta altísimas horas.
Moraleja: si bebes no hagas el ridi, no el ruidi, se entiende. Un beso de tito Atilano.

Mi sobrina Fátima, la de José Ángel, quería que la mandara una fotografía mía, para conocerme, pero la verdad es que no se que va a sacar en claro de ella, ya que con el paso de los años, todos nos parecemos un poco.